Un ser extraordinario llamado Pituca

En el corazón de Villa El Libertador, con sus colores y ritmos típicos, Pabla Teresa “Pituca” Avendaño a sus 84 años despliega un cuerpo pequeño revestido de una armadura invencible a los avatares de la vida. Pituca es una luchadora, una emprendedora que enfrenta las dificultades, y lucha por sus sueños y propósitos, sin darse por vencida frente a las vicisitudes de la vida.

Llegó a nuestra ciudad desde Tulumba cuando apenas contaba con 12 años, su memoria privilegiada relata: “Llegué en calidad de sirvienta y niñera, me trajo una familia pudiente de esta ciudad, como era habitual en aquella época, y el compromiso de ellos era mandarme al colegio en calidad de único resarcimiento”.

Pituca es una mujer transparente, de ojos que transmiten alegría y de palabras sagaces, que no ocultan el padecimiento vivido y verdades dolorosas, dos aspectos que podrían ser incompatibles y sin embargo en ella se unen en la esencia de su persona.

Pituca y el barrio Villa El Libertador

Pabla Teresa AvedañoA veces caminando, yendo de puerta en puerta, otras detrás de los micrófonos de FM Sur, con su palabra, con su voz, con el tango, un programa que tiene más de 27 años de trayectoria.

El compromiso social. Después de un tiempo de trabajar de casa en casa, siempre cambiando en función de un mejor sueldo, consiguió entrar en una fábrica de costura. “Ya me había transformado en una mujer bastante inquieta por las cuestiones sociales…. Así que lo primero que hice fue sindicalizarlas, eran 52 empleadas que estaban en negro, lo hice porque no me gusta la injusticia”, recuerda.

La maternidad. “Lo que me acuerdo es que cuando parí era un dolor tan grande como toda madre, pero fue el dolor más hermoso de mi vida, más maravilloso…” Sin duda hablaba de sus hijas Susana, desaparecida a los 28 años durante la dictadura militar y Viviana fallecida en un accidente en las inmediaciones de Cruz del Eje, las dos fueron seres que heredaron su lucha implacable, esa que no sabe de claudicaciones. Para Pituca “el dolor fortalece”, ella simplifica con la mirada humedecida: “Así es la vida te lleva, te trae, te da, te quita…”

A sus 84 años, Pituca se enorgullece de su vitalidad, sus ganas de cambiar realidades, de asumir proyectos. “ Gracias a Dios puedo tomar el colectivo, no corro…camino más rápido, voy y vengo sola, mi mente sigue lúcida, esta es mi forma de ser feliz”, cerró.