Luis, un ejemplo de perseverancia y humildad

Luis Almada nació en Alicia, una localidad del interior provincial, en el seno de una familia clase media de seis hermanos.  Con el esfuerzo de su hermano y su madre, Luis consiguió terminar el secundario e ingresar a la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC, donde conoció a su actual mujer y compañera de vida, Cecilia. Al año de noviazgo queda embarazada y al nacer su hija, Luis se queda sin trabajo. “Fue duro para mí, yo a esa edad creía que me iba a comer el mundo y sin embargo no tenía nada, tenía una bebé y no tenía que darle”.

Aunque se había preparado a lo largo de toda su vida para hacer “otra cosa”, el destino lo había ubicado en una situación límite. “Al poco tiempo conseguí un carrito y empecé a cirujear. Juntaba cartón y botellas, eso me alcanzaba para leche y pañales,” dice Luis, y a medida que avanza en su narración su voz se vuelve más y más amarga.

Hasta que un día pasó por una conocida concesionaria de camiones, que tenía un enorme predio con el pasto crecido. Así que fue a su casa, se cambió de ropa y volvió para hablar con el gerente. Le dijo que tenía una empresa de parquizaciones, que cobraba semanalmente y que el primer corte era gratis. Esa mentira, o mejor dicho, esa exageración, funcionó de maravillas, el gerente lo contrató y Luis sumó la concesionaria a su lista de clientes.

Luis AlmadaUn día, para que su mujer no cocine, se montó en su viejo ciclomotor y salió a comprar un pollo a las brazas. Recorrió las avenidas Alem y Diagonal Ica y no logró encontrar un parripollo por ningún lado, “el que ponga una pollería acá se va a llenar de plata,” se dijo. Entonces fue a una inmobiliaria de la zona y terminó alquilando un local que describe como “medio pelo”.

Poco tiempo después un viejo cliente de jardinería apareció por el local y decidió darle una mano: “Vino un camión, me descargó 2 mil kg de leña, y me dijo que ya estaban pagas. Después llegó un proveedor de pollos y me dejó los primeros pollos contra boleta”, cuenta Luis y en la cara todavía se nota la sorpresa.

 Si me ayudás, yo voy a ayudar a otros

El negocio de los pollos empezó a funcionar muy bien. Entonces necesitaba cumplir una promesa “Yo siempre le pedía a Dios, abrime un poquito la puerta, yo hago el esfuerzo y paso toda la mano. Si me ayudás a mí, yo voy a ayudar a otros,”. Así que junto con su familia, comenzó a recaudar dinero para apadrinar la escuelita Alfonsina Storni en Pampa de Olaen. También se sumó a la fundación “Yo te ayudo” que daba de comer a indigentes en el centro de Córdoba sólo algunos días, entonces Luis y su familia decidieron cubrir el resto.

“Ahora hay gente que cena dignamente, y recibe un poco de afecto y cariño de los voluntarios,” dice Luis, y continúa “el que no sabe qué es el hambre, no sabe algunas cosas, el hambre duele, pero más duele cuando te discriminan.”