Una escuelita de ilusiones, esfuerzo y pasión futbolera

A pulmón y con el coraje que se necesita para afrontar las adversidades, hace cuatro años Ismael fundó una escuelita de fútbol en Barrio Altamira, con 30 chicos. Algunas tardes se juntan en la plaza para aprender el deporte y les enseña además sobre el arte de la vida.

Ismael Escuelita de FútbolLa placita que vio crecer a muchos chicos de la zona de barrio Altamira es testigo de una historia de esfuerzo, dedicación y amor por el fútbol, junto al deseo de enseñar a ser mejores personas mientras rueda la pelota, pero también mientras se detiene. Ismael Carrizo fundó la escuelita de fútbol con ese fin, con la esperanza puesta en el futuro, porque en el partido de la vida piensa que estos chicos tienen que ganar.

La necesidad de fundar esta escuelita fue para Ismael, desde el principio muy clara. Los chicos peloteaban juntos en las calles, sin ningún tipo de control ni contención.

“Creo que lo más importante que se llevan de estos entrenamientos es el fortalecimiento de los valores, como el compañerismo, la amistad. El deporte es una herramienta excelente para poder enseñarles esto. El fútbol es un juego y me encanta que sean felices con una pelota bajo los pies, pero los valores son fundamentales en la vida”, cuenta Ismael.

Ismael Escuelita de FútbolLa realidad que viven algunos de los chicos, expresa Ismael, es dura, por eso este espacio es tan importante para ellos. Sin embargo, este profe tan dedicado no está solo, su familia lo apoya y lo acompaña, extendiendo su amor hacia todos los chicos que practican en la placita, es que cada vez que termina el entrenamiento en la casa de los padres de Ismael, la merienda ya está lista. Su mamá y su hermana la preparan rigurosamente luego de cada clase, un mate cocido, una chocolatada o lo que haya para compartir.

Todo a pulmón

La clase que brinda el profe es gratuita, y con mucho esfuerzo se organiza para poder desarrollar los entrenamientos.

Cada uno tiene su equipo de fútbol, los cuales fueron adquiridos mediante la venta de rifas, de empanadas y bingos organizados en el barrio. Desde el CPC de San Vicente también lo ayudan con algunos alimentos para la merienda que el profe organiza post entrenamientos.

Su sueño es que estos chicos puedan tener un buen futuro, y le gustaría poder dejar la posta a alguien más en caso de que el él no pueda continuar con la escuelita. Lo que más desea es que el proyecto continúe, por los chicos. Por los que vinieron, por los que vienen y por los que vendrán.