El arte y la tecnología de fusionan

Mediante la impresión 3D, Irene supo encontrar la forma de amalgamar su gusto por el arte y la tecnología. Una mujer emprendedora que se adaptó al mundo tecnológico y emprendedor.

El diseño 3D abarca varios rubros desde construcción, medicina, arquitectura hasta diseño industrial. ¿De qué se trata? Básicamente se diseña un producto en tres dimensiones en un programa específico en la computadora y este se materializa a través de un material plástico que se deposita capa por capa hasta lograr el objeto físico. Esto a Irene Presti la asombró y le permitió fusionar diferentes facetas laborales. Dedicada hace 18 años al diseño web y siendo licenciada en Artes Visuales, Irene optó por especializarse en esta rama poco conocida al menos para el general de las personas. “Una vez asociada con Sebastian Turk, quien es diseñador industrial comenzamos a ofrecer servicios de diseño de impresión 3D y escaneo en tres dimensiones. La complejidad es variada porque uno diseña en lo digital, esa es la principal diferencia con la fabricación tradicional. Se pueden ingresar formas complejas, siempre y cuando se adapten al tamaño de la impresora. Podemos hacer prototipos antes de que se lance un producto, moldes y hasta piezas pre quirúrgicas”, explica Irene.

Un paso más allá

Si bien para Irene,  el trabajo que estaba realizando  la mantenía conforme, descubrió que la tecnología 3D no era tan conocida como debería serlo. Por eso, en 2015 organizó el primer congreso en 3D. El evento fue un éxito rotundo, participaron proveedores de servicios, fabricantes de impresoras y de insumos, además 1200 personas se acercaron a conocer de qué se trataba. Esta experiencia la impulsó a agrupar de cierta manera a idóneos sobre el tema para conformar una comunidad más fuerte que representara a la tecnología en 3D. “Quise armar una institución para seguir difundiendo la tecnología y tener un título. Después de mucho sacrificio, y trámites legales logramos formar la Cámara argentina de impresión 3D y fabricaciones digitales. Actualmente somos 25 socios de distintas áreas dedicadas ya sea a servicios, comercialización, o fabricación de impresoras o insumos”, explica Irene quien además es presidenta de dicha organización.

La vida anterior

Hace aproximadamente diez años, Irene trabajó  como empleada administrativa. Un lunes decidió renunciar y se encontró en su casa, en pantuflas atrás de la pantalla de una computadora pensando que iba a hacer a partir de ahí. Y entendió que debía salir de su casa, caminar y forjar su destino. “En la facultad nos educaban  para ser empleados, no nos enseñaban a valorar nuestras habilidades, a vendernos, a buscarle el valor agregado que pueda tener el producto. Obviamente me costó este camino, pero ahora tengo más herramientas, soy independiente y disfruto de llevar mi oficina en la computadora e interactuar con diferentes personas”, cuenta.

Madre emprendedora

Antes de renunciar a su trabajo fijo, recuerda que pensó mucho la decisión y fue duro para ella. Sin embargo, se decidió y pudo observar que su hijo en aquel entonces de 4 años estaba contento de tener a su mamá trabajando desde casa. Y eso para Irene significó un alivio total. La parte económica quizás fue y es la más difícil porque se debe administrar de otra manera, pero afortunadamente cuenta que no se arrepiente de haber decidido ser una mujer emprendedora que todos los días se encuentra con algo nuevo en su labor.

La capacitación como eje

Por otro lado, Irene está convencida que los nuevos puestos tienen relación directa con este tipo de tecnología. Por eso, junto a Guido Palazzo decidieron armar la diplomatura en Diseño de Impresión en 3D que se dictará en Buenos Aires. Su idea para el futuro es seguir armando capacitaciones integrales y poder así formar recursos humanos que sepan trabajar en equipo y estén capacitados de la mejor manera para satisfacer las nuevas necesidades que surgen en el mercado.