Un emprendimiento de luz y felicidad

La historia de Mariel, es parecida a la de muchos otros argentinos. En una de las épocas más complicadas económicamente para nuestro país, supo crear un emprendimiento que ya lleva 17 años vigentes. Se define creativa, y en cada producto que hace, le pone el corazón.

“Lo que se hereda no se hurta”, reza el famoso refrán. Y una de las cualidades o enseñanzas que Mariel Cuello Mayer heredó de su padre fue la idea de ser independiente en su trabajo, es decir: emprendedora. Dice que siempre supo que ese era su camino. Obviamente, con el paso del tiempo, ella descubrió que esta forma de vida sería la mejor de todas las elecciones.

Estudiando decoración de interiores, descubrió que el diseño y la decoración eran dos grandes pasiones que habían estado latentes. “Sabía que para vivir de esto, iba a tener que desarrollar algo que me permitiera vivir. Entendía que el mercado puro de decoración era complicado”, cuenta Mariel.

En el año 1997, tuvo la oportunidad de realizar una pasantía en una fábrica, lugar que le permitió conocer el proceso de  fabricación completo de un producto, y esto realmente la fascinó. Al tiempo, trabajó en una mueblería y en una charla casual, un compañero escuchó que ella quería ser independiente. En este momento Mariel había comenzado a realizar velas, y recuerda que su técnica no fue para nada perfecta. “A la primera vela que creé se me derritió el molde”, recuerda entre risas. A partir de ese comentario casual de Mariel, su compañero le propuso ser socio del  emprendimiento que estaba creciendo: ella fabricaría las velas y él comenzaría a comercializarlas. La sociedad duró un tiempo, se desintegró y Mariel decidió construir su propia marca “Luna de abril”. La técnica empezó a mejorar y la variedad tanto de colores como de modelos, empezó a ser una característica de este emprendimiento que actualmente despliega en el garaje de su casa.

“En el año 2001, en plena crisis económica, empecé a vender las velas. Al cerrar las importaciones, muchos negocios se quedaron sin mercadería y aproveché la oportunidad. Creo que me animé a emprender porque siempre fui independiente y tenía esa esencia de emprendedora”, cuenta Mariel.

Durante 17 años, Mariel ha logrado que “Luna de abril” siga en pie, y crezca cada vez más. Se la nota orgullosa de cada producto que está exhibido en su living que también funciona como showroom. Además piensa que el entorno del emprendedor es clave. “Para el emprendedor es importante rodearse de gente que le anime a seguir, personas que sumen al proyecto. Además es siempre recomendable asistir a charlas o conferencias donde puedas aprender, todas las experiencias de emprendedores me han servido para crecer”, comenta Mariel.

A raíz de una decisión de negocio y tras la dificultad de conseguir parafina para la creación de las velas, Mariel decidió fundar su segunda marca: Patronas. Esta parte del emprendimiento se caracteriza por la creación de manteles, individuales, almohadones, cortinas de baño, y delantales realizados también con mucho cariño y pasión, al igual que las velas.

Para ella ser emprendedora es hacer lo que te gusta y vivir de eso. “Más allá de que te rinda económicamente, tiene que estar sostenido desde lo emocional. Es ver lo que haces y sentirte orgulloso de tu obra. Es tu espíritu haciendo 100% lo que le gusta”, expresa Mariel. Una mujer emprendedora que supo superar la crisis y hacer crecer un negocio con sus propias manos.