Un juguete de cartón

Fernando decidió renunciar a su trabajo en relación de dependencia con el fin de concretar su sueño de emprendedor. Luego de un tiempo, nació Toncreaton, un proyecto creativo, educativo e interesante que plantea una nueva forma de interactuar con los juguetes.

Hace 16 años, Fernando Rabellini le dijo “adiós” para siempre al trabajo en relación de dependencia y se definió como emprendedor. Con el tiempo logró manejar estudios de diseño propios, fusionó su trabajo y se produjeron algunos cambios. El camino de emprendedor ya estaba empezando a ser transitado, y la premisa era la misma: el gusto por el diseño.

Uno de los trabajos que mantienen ocupado a Fernando es ser consultor para empresas en el área de comunicación visual, mediante esta actividad conoció una fábrica de papel y cartón ubicada en el interior de Córdoba. A partir de ahí, las ideas comenzaron a surgir. “Estaba pensando en algo que sea de diseño y logre ser escalable. Mi esposa es psicomotricista y le importa mucho lo que los adultos les enseñamos a los niños. Entonces en ese momento tenía el papel, la inquietud de los chicos y muchas ganas de diseñar. Mediante esta empresa conocí de cerca las propiedades, ventajas y desventajas del cartón y el papel”, cuenta Fernando. El planteamiento se convirtió en crear objetos y juguetes de cartón como herramientas que ofrecen experiencias recreativas, formativas y de marca.

El camino del emprendedor

Cuando nació la idea y fue tomando forma fue fantástico. “Los primeros años fueron fáciles, tenía un sueño y lo vivía de esa forma”. Sin embargo, con el tiempo la realidad se fue haciendo notar y otras cuestiones sobre el producto en sí fueron apareciendo. La Fundación E+E sería la encargada de guiarlo en un camino correcto, como hace con todos los emprendedores que se encuentran con estas inquietudes en determinada etapa del proceso.

Durante dos años validó su idea de negocio y al tiempo se comenzaron a fabricar los juguetes de cartón, bajo la marca de Toncreaton. Una vez en el mercado, la cuestión de la comercialización fue otro aspecto a resolver. “En las jugueterías de Argentina es complicado vender estos productos porque no son juguetes que se eligen como primera opción, no tienen luces, pilas ni súper-amigos. Sin embargo, año a año se va entendiendo que no es un juguete lo que se ofrece, sino una ventaja, un concepto. El cartón les da a los niños herramientas para lograr una gimnasia mental interesante”, comenta Fernando.

Este año afortunadamente su emprendimiento ingresó a FIDE, organismo que asesora y mentorea a emprendedores, y brinda el espacio físico para que cada uno utilice como oficinas de trabajo.

Emprendedor se nace

“Hay que reconocerse como emprendedor, no es para cualquiera. Yo me reconozco emprendedor, porque me vaya bien o mal no quiero trabajar para nadie más que para mí. Obviamente tengo muchas cuestiones por mejorar pero quiero inventar cosas, aprender y ser cada día mejor. Ser emprendedor es levantarse con algo que te motive para que lo hagas, y que ese algo tenga que ver con vos, con tu familia y con tus proyecciones. En mi caso, me levanto pensando en cartón, en chicos y me encanta. No es lo mismo que trabajar en una empresa, en ese caso tenés horarios de salida y de entrada, en cambio como emprendedor todo está mezclado, hay épocas buenas y algunas no tanto. Creo que el emprendedor es un remador, remas hasta que agarras una buena corriente. No hay edad para emprender, pero tenes que tener el espíritu de ser independiente”.

Fernando cree que cumplió el 60% de su máxima aspiración, sueña con seguir creando objetos creativos y con impulsar nuevos emprendimientos. En esta búsqueda constante, de lo que está seguro es que sus productos, siempre tendrán un tinte creativo. Que será en definitiva lo que lo distinga de los demás.