Fernando, una marca registrada de Córdoba.

Una banda elástica y un palo de bombo con un clavo asomando, fueron los elementos con los que el protagonista de esta historia se acercó a la música. Arte que nunca más pudo soltar.

En barrio Empalme, lugar que lo vio nacer, a la tierna edad de 3 años, Fernando Bladys, formó su propio instrumento musical. Enganchando la banda elástica a la cabeza del clavo, y con el dedo pulgar logrando tirantez, Fernando acompañaba con su dedo índice y su improvisado instrumento, sus canciones favoritas simulando la cuerda de una guitarra. Se encerraba en la habitación de sus padres, aprovechando la ausencia de ambos, y escuchaba en la radio sus canciones preferidas folclóricas.  

Después de vivir en Empalme, Fernando se mudó a barrio Ferroviario Mitre, sin embargo la vida adulta lo sorprendió sobreviviendo en las calles de Buenos Aires. Esta experiencia tan especialmente dura, fue de aprendizaje pero también un momento en el que la música se hizo presente y le abrió las puertas a nuevos horizontes. En esta época, Fernando escribió muchas canciones, se conoció como artista y aprendió que la vida siempre da segundas oportunidades.

Al volver a Córdoba, la música, ese tesoro tan preciado para él, apareció. Esta vez para quedarse. Si bien Fernando cantaba rock, el destino quiso que el cuarteto sea el género que lo convierta en protagonista. Chébere le abrió sus puertas, y el resto es historia.  

Lo que más recuerda de sus años dentro de la banda y lo que aún conserva a modo de vida como artista, es el respeto por el público. Ese que lo aceptó y quiso apenas lo escuchó cantar.

Cordobés hasta lo más profundo de su ser, Fernando nunca pudo dejar de amar esta ciudad y lo define poéticamente: “Córdoba a comparación de Buenos Aires es un pañuelo, pero es ese pañuelito al que uno quiere volver. Con el que se seca las lágrimas cuando está triste. Es mi lugar, son mis amigos, es mi familia. Es el lugar que me vio nacer y será el que me verá partir”.