El espíritu de barrio como bandera

Sergio Zuliani creció pateando una vieja pelota de cuero en el corazón de Alta Córdoba, mientras gritaba los goles de Kempes, Ardiles, Beltrán y un equipo lleno de gloria.

La identidad, el humor y las amistades de la ciudad hicieron crecer sin delicadezas a este niño, trepando los techos de una infancia de calle. Formó parte de “Los Burdos”, y no fue casualidad.

Pasó su niñez rodeado de chicos en una casa a pocas cuadras del estadio Monumental de Instituto. En un barrio que le permitió formarse sin grandes peligros, donde el único condicionante era tomar la leche por la tarde para después seguir jugando. “A medida que íbamos ganando independencia fui ampliando mi radio, el club y la Plaza Rivadavia fueron mi segunda casa”.

Sergio ZulianiSu pasión por la redonda dividió sus sentimientos en dos clubes. “El amor a ‘La Gloria’ lo tengo por el barrio, pero mi viejo al ser de un pueblo del interior mamó el fútbol de Buenos Aires. Para mi Instituto es Alta Córdoba y Boca es mi viejo. Actualmente mi hijo pintó en el fondo de la pileta el escudo de Boca, heredó el fanatismo del padre”.

La etapa como estudiante universitario transcurrió en un contexto adverso que marcaría un nuevo rumbo en la historia argentina. Ingresó a la facultad en 1982, durante plena Guerra de Malvinas y un año después de haber terminado el servicio militar. “Esos tiempos unieron a una generación de estudiantes en un choque cultural muy fuerte, vivimos la caída de la dictadura y la vuelta de la democracia. Fue una época muy intensa, se derrumbaba un país y nacía otro”.

Su carrera profesional comenzó en un programa humorístico que llegó a revolucionar la frecuencia modulada: Los Burdos. “El humor es una marca con la que nos identificamos por haber salido de Córdoba. Nos volvimos un mito durante un tiempo en la Escuela de Ciencias de la Información, somos un grupo indestructible”.

El amor lo sorprendió mientras trabajaba en el diario “La Calle”, casi por equivocación su ahora esposa entró por la puerta del lugar con el fin de dejar una gacetilla de espectáculos. “Nos conocimos y pegamos onda, después de un tiempo la llamé para hacerle una nota que la verdad no me interesaba, la invité a salir y hoy llevamos 30 años juntos”.

En la actualidad es vecino de barrio Argüello, en una acogedora casa junto a su familia. “Me siento muy cómodo en mi casa, me gusta invitar a amigos y pasar buenos ratos. Hago los asados y no paramos, y eso sucede casi todos los domingos”.

Zuliani sigue siendo aquel muchacho rebelde que conocía cada secreto de Alta Córdoba. Hoy disfruta de las arboledas de Argüello, pero continúa persiguiendo los mismos sueños.