Un hombre de historias

Rony Vargas creció en una pequeña ciudad de la provincia de San Juan, donde con apenas quince años dio sus primeros pasos como locutor.  Su experiencia como maestro rural, la pasión por el ciclismo y una ilusión a cuestas: ser escuchado en toda la Argentina.

Vivió una infancia maravillosa en la localidad de Caucete, teniendo el objeto más preciado por un niño de tierras sanjuaninas: la bicicleta. Con las ambiciones de un adolescente soñador, se convirtió en el locutor de la propaladora de su pueblo y dos años después recibió el título en la carrera de Magisterio para comenzar a dar clases en un colegio rural en el que enfrentó situaciones totalmente adversas.

Llegó a Córdoba en 1984 en busca de oportunidades laborales y claramente superó las expectativas. Su objetivo de crear la radio más federal comenzó a tomar forma, y radicarse en el centro del país posibilitó la expansión de un sueño hacía todas las latitudes. “Córdoba ha sido muy benévola, nos abrió las puertas y nos fuimos identificando con esta ciudad. Hemos ido formando familia y creciendo al ritmo de ‘La Docta’. Es un lugar muy especial”.

Enamorado de la ciudad y el humor que caracteriza a su gente, Rony recordó su llegada a Córdoba cuando se instaló en barrio Patricios y tuvo el primer contacto con la gente. “El cordobés es magnífico, uno se va encariñando con su barrio, su impronta, con todas estas cosas que hacen a la convivencia cotidiana. Cuando se habla del humor de Córdoba se está hablando de la expresión popular, pero cuando hablo de la amistad del cordobés me refiero a que me abrió las puertas y me recibió de la mejor manera”.

Rony VargasUn profesional que supo adaptarse y conquistar rápidamente la audiencia de nuestra ciudad sin olvidar las tradiciones y costumbres de su región. “Los fines de semana, hasta no hace mucho tiempo atrás, salía a las de 6 de la mañana de casa en la bicicleta y me iba pedaleando hasta La Falda.  En San Juan el que no anda en bicicleta es porque no tiene piernas… Desde niño soy apasionado de la bicicleta y los patines, es algo que disfruté mucho”.

Desde hace 25 años vive en una casona del Cerro de las Rosas, y a la espera de su nieto número 12, disfruta compartir momentos con su mayor tesoro: la familia. “Los domingos tradicionalmente nos reunimos en casa, con la mesa completa, todos participan y colaboran. Al final de la reunión cada integrante cuenta la historia de la semana, desde el más chiquito hasta el más grande, con alegrías y tristezas, pero con la certeza de que la familia está para acompañar”.

Transitando la recta final de su carrera, el sanjuanino -cordobés por adopción- se desarma en palabras de agradecimiento para aquel público que lo acompañó y le permitió contar, como en cada fin de semana, su historia en nuestra ciudad.