“Tengo una relación de mucho amor con mi barrio”

Se formó en una familia numerosa, jugando al fútbol durante largas tardes en los baldíos de barrio Cofico. A los 15 años empezó a trabajar en una biblioteca y entendió que la vida no le regalaría nada.

Con una infancia multitudinaria, creció junto a sus diecisiete hermanos sin necesitar que nadie le marcara los pasos.

“Mis padres no podían atender a todos en los pequeños detalles. Me ha tocado vivir en una familia en la que tuve que aprender a manejarme solo, donde a la milanesa se la tiraba para arriba para ver quién la agarraba”.

Desde hace 40 años es vecino de barrio Jardín Espinosa. En aquel momento sólo había chacras, caballos y apenas un par de viviendas que ocupaban varias manzanas. “Mi casa era el tanque de agua de la zona. Como me salía más caro demolerlo que el valor real del lote, decidimos reciclarlo y convertirlo en una casa maravillosa. Nadie le dice ‘casa’, todos en la familia le decimos ‘tanque’, tengo una relación de mucho amor con mi barrio”.

Tantos recuerdos de aquel lugar donde crió a sus cuatro hijos y actualmente disfrutan cada una de las reuniones. “Nos buscamos y nos encontramos muchí- simo, estamos todos amontonados permanentemente. Entre mis hijos, nueras y nietos somos 20 personas, una gran tropa que realmente la pasa bien”.

Su larga formación profesional le permitió concursar para profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba, donde ejerció como docente de Literatura Argentina hasta 1975, cuando el pregolpe de Estado intervenía en la provincia tomando la universidad y vaciando los puestos de trabajo.

“De repente te quedás sin oficio, sin laburo, sin horizonte y es ahí donde aparece el periodismo en mi vida, primero por el lado del deporte y después enfocado a la información”.

Miguel se define como un apasionado del deporte, ha realizado diferentes disciplinas a lo largo de su vida y en cada una de ellas supo encontrar grandes amigos que lo acompañaron a llevar una vida sana y con la energía que lo caracteriza. “A mis 74 años sigo practicando actividad física. Aunque Mario Pereyra se enoje, tres veces por semana me voy a jugar al golf”.

Actualmente atraviesa una etapa maravillosa, tanto en lo personal como en su carrera profesional. En septiembre de este año recibió por segunda vez el Premio Konex, que distinguió su labor en la comunicación y periodismo en los últimos diez años.