Ser emprendedor, es ser libre

Cristina y Gustavo, lograron crear un emprendimiento que desde hace tres años funciona a la perfección. Para ellos, ser emprendedores significa nada más ni nada menos que la libertad.

La noticia de que en el periodo de un año, Cristina sería despedida de su trabajo, cayó en ella como un baldazo de agua fría. Tras la parálisis inicial que una novedad así puede generar, Cristina decidió convertir sus sueños en realidad, para eso decidió aprender panificación y repostería.

Fue así como durante un año comenzó a capacitarse en 3 cursos (panificación, pastelería y pastelería fina) que dictaba el Centro de panaderos (CIPAC). El horario de cursada coincidía con el horario de salida del local de ropa donde trabajaba. Por eso, luego de su jornada laboral, concurría a las capacitaciones. La rutina fue así durante un tiempo, hasta que definitivamente fue desvinculada de su trabajo en forma de dependencia. Cuenta Cristina Pinto, que esta fue una de las épocas más difíciles de sobrellevar, se encontraba perdida y desanimada. Sin embargo, su familia pilar clave en su vida y especialmente su marido Eduardo Sucre, supieron apoyarla y ayudarla a superar un momento tan complicado. Ella pensó en invertir el dinero que había recibido como indemnización y decidió comenzar a poner en práctica lo que los cursos le habían enseñado. Así fue como nació “Lluvia de Anís”, emprendimiento que se dedica a la panificación y repostería.

Cristina inició su negocio, vendiendo la mercadería a locales cerca de su barrio. Después la zona se fue ampliando, con el correr del tiempo, decidió dedicarse de pleno a diferentes ferias donde comercializa sus productos de forma permanente.

La familia conformada por Cristina, su esposo Eduardo y dos hijos, también vivió una experiencia que si bien al principio fue negativa, con el tiempo pudieron observar las ventajas de la situación: Eduardo, también fue despedido de su trabajo. Fue en este momento que Cristina, le planteó a su marido la posibilidad de que se incorpore a su emprendimiento, y así lo hizo. “Pensé que iba a ser fácil no tener trabajo, pero uno se acostumbra, lo único que sabía hacer era estar en el transporte. Al tiempo me convenció y empecé a formar parte de este, que ahora es nuestro emprendimiento. Y me gusta”, cuenta Eduardo. Por su parte, Cristina recuerda que él fue su primer alumno. “Siempre le llamó la atención la cocina y aprendió bastante. Entre los dos nos complementamos y realmente nos gusta trabajar juntos”.

La clave para ambos es capacitarse, aprender a ser emprendedores y a mantener un negocio. Para ellos que estaban acostumbrados a ser empleados, hoy como emprendedores dicen que lo mejor es que son libres. “Ahora manejamos nuestros tiempos, tomamos decisiones y nuestra empresa funciona. Realmente nos llena el espíritu”, cuenta Cristina Pinto.

Entre algunos de los productos que el matrimonio fabrica se encuentran pasta frola, alfajores de maicena, ojitos de buey, bizcochuelos, tartas de manzana, entre otras. Por otro lado, se especializan a la creación de alimentos para catering y patas flambeadas. Una variedad increíble, en un negocio que funciona a la perfección como le gusta trabajar a Cristina. “Siempre que cocinamos algo, yo les digo a los que trabajan conmigo, que esto, este producto es mi cara por eso no puede quedar nada librado al azar ni debe quemarse”, cuenta Cristina mientras se ríe.